Cuerpo y Sanación, emociones, PSICOSOMÁTICA CLÍNICA

El peligro del aislamiento emocional – Reflexión para mujeres fuertes

Estoy cansada. Termino el día agotada. Me voy a dormir con la ilusión de que el sueño alcance a reponer mis fuerzas físicas pero me despierto y la verdad, hay días en que no quiero pararme a atender la primera reunión de la agenda.

“Hoy me equivoqué en un tema de trabajo. Mi jefe me llamó la atención. Aún no sé como cometí ese error, fue grave, pero juraría que revisé ese documento mil veces. Incluso le pedí a mis hijas que hicieran sus deberes a mi lado mientras yo me ocupaba de ese proceso.”

“Sólo me encerré un momento para una reunión importante. Era una entrevista de trabajo, necesitaba concentrarme, era en inglés, le avisé a mi hija que no debía interrumpirme y que duraría poco. Un tiempo después empecé a sentir un olor muy fuerte, no sabía de donde venía, así que pusimos un poco de perfume, el olor no paró. A medio día me llamaron de la portería, que si podía revisar la cocina pues de mi apartamento salía un olor a gas tremendo. Efectivamente mi estufa había quedado mal cerrada. Me embargó un sentimiento de culpa y angustia frente a lo que hubiera podido pasar. Es claro que mi atención estaba puesta en esa entrevista de trabajo. ¿La verdad? Creo que necesito aceptar que no puedo con todo sola. Y mi hija y yo vivimos solas.”

“Esto es horrible. Al tiempo de mi trabajo, mi hijo está en clase. Él aún no puede tomar sus clases solo necesita apoyo y guía. Cuando termino, intento de mil formas que se concentre en sus tareas, pero no quiere. Me siento desafiada y de mal genio. He intentado todo pero nada funciona. Siento que ahora trabajo más.”

“Ayer mi jefe me pidió que organizáramos un tema de trabajo. Nos reunimos al finalizar la tarde. Son muchos detalles para coordinar, lo que yo pensé sería una reunión de máximo una hora, me tomó cuatro. Ya no daba más.”

“Hoy me extendí en una reunión virtual de trabajo. Salí tarde y no alcancé a preparar el almuerzo. Como pude, preparé unos sanduches pero me sentí mal con mi familia.”

“Me siento triste. Estoy sola. Sé que todos estamos pasando por un momento tenso. Cuando mi mamá me llama le digo que estoy bien, pero no es así. Cuando me veo con mis amigos nos reímos, pero la verdad es que me siento muy sola.”

“A mi pareja le avisaron que le reducen el salario y que puede perder su empleo. Su industria está prácticamente detenida. A mi me confirmaron que tendré aumento. Quisiera celebrarlo, pero no puedo, no le quiero lastimar. Así que tuve que contener mi alegría.”

“Voy a tener un bebé. Pero tengo miedo de ir a la Clínica. Tengo miedo del parto, de lo que venga, de que mi hijo y yo debamos pasar días allí. Tengo miedo de no poder estar con mi mamá quien claramente no me podrá acompañar esos días.”

“Mi casa está hecha un desastre, hoy no alcancé con todo. Vivimos cuatro personas aqui, pero cada uno está intentando cumplir con sus asuntos. Ninguno tiene tiempo de ayudar y cuando veo la casa desarreglada, me siento mal. No quisiera tener que terminar mis labores y seguir con las de la casa. Quisiera irme a dormir ya.”

“Me sentía enferma. Soy profesora en un colegio. No tenía alientos de pararme, el dolor casi no me dejaba mover. Quise decirle al rector que no podía dictar clase, pero sabía que causaría un problema con los padres de familia. Así que dicté clase, y luego llamé al médico domiciliario me remitió a urgencias, tenía cálculos renales.”

“Ayer vi el celular de mi pareja. Tiene conversaciones con otras mujeres mientras yo me ocupo de las cosas de la casa. Estoy en shock, lo confronté y se puso bravo, me terminó culpando a mí por buscar en sus cosas. Discutimos, pero mis hijas están en casa, así que decidí no continuar con mi reclamo.

“Si esta cuarentena no termina, voy a terminar matando a mi marido. No ayuda a nada, pero exige todo. Si le pido ayuda se molesta, o dice que está ocupado. Si me ayuda lo hace de mala forma y yo termino haciendo todo furiosa.”

Ayer salí un momento, me encontré en el supermercado con una familiar, se acercó a saludarme, yo no quería tener contacto con ella. Ella insistió en abrazarme y me incomodó muchísimo. Me sentí invadida y a la vez, pésimo ser humano deseando que nadie me toque, que nadie me mire.”

Estas son las frases que más escucho estos días:

Me siento agobiada. Me siento baja de energía. Me siento frustrada. Me siento irritable. Me siento vulnerable. Me siento culpable. Me siento impaciente. Me siento incomprendida. Me siento mal. Me siento irresponsable. Me siento frágil. Me siento reprimida. Me siento molesta. Me siento temerosa. Me siento irascible. Me siento nerviosa. Me siento furiosa. Me siento incapaz. Me siento abusada. Me siento exigida. Me siento desconfiada. Me siento apagada. Me siento decaída. Me siento melancólica. Me siento afligida. Me siento desanimada. Me siento mala persona. Me siento desagradecida. Me siento fatigada. Me siento extenuada. Me siento harta.

Pero no se lo digo a nadie,  porque:

“Sería desagradecida. Todos estamos intentando sobrevivir. No quiero quejarme. No quiero preocupar a nadie. No sería justo decir esto. No es culpa de nadie. No sería maduro. No es el momento. No quiero pelear. No quiero perder el empleo. No quiero que nadie me tenga pesar. No quiero mostrar debilidad. No quiero ser negativa. No es bueno lamentarse. Qué van a pensar de mi. No sería buena persona. No quiero victimizarme…”

¿Por qué guardo todo esto en silencio?

Porque me creí eso de que yo debo ser capaz con todo.

Y no es verdad.

Así que te he compartido todas estas historias para pedirte que no te aísles emocionalmente. Quedarte en silencio con todo esto, puede volverte poco a poco hermética, desconectada de ti y  convertirte en una mujer que aprende a taparle la boca a su sentir. El mayor peligro es enmudecerte a ti misma y sobreestimar tus deberes.  Date el permiso de agradecer, pero también de desagradecer, las dos son igual de importantes y te van a mantener en equilibrio. No te cierres en esa burbuja de creerte que tienes que poder con todo. No es verdad. La pandemia necesita que tomes precauciones pero no necesita que pierdas tu humanidad. Te invito a tener gestos de autocompasión amorosa contigo misma, a no endurecerte para resistir en reserva. Te invito a poner tu mirada sobre ti misma, a preguntarle a tu cuerpo que necesita y que no quiere. Te invito a comprenderte y no criticarte, a acercarte a tus emociones con empatía. A tratarte de manera dulce y amable. A no  juzgar tus defectos e insuficiencias. Pero sobre todo te invito a renunciar a la idea de que tienes que ser capaz con todo. Cuidar tu trabajo, tu familia, tu tiempo, tus recursos es importante, pero igual de importante : es cuidar de ti. Para terminar te dejo una pista de como empezar a reconocer tus emociones silenciadas, pregúntate: ¿ que cosas siento por mi pareja, mi trabajo, mi situación, las labores de mi casa, mi jefe, mis padres, yo misma, mis hijos, mi familia, mis compañeros de trabajo, mi situación financiera que no le digo a nadie, que nadie sabe o comprende de mi?  

Paola Celis

1 comentario en “El peligro del aislamiento emocional – Reflexión para mujeres fuertes”

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